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En España
Pizarro tiene un encuentro con Hernán Cortés, el gran triunfador,
que ofrece a su paisano sabios consejos. Carlos V cita a Pizarro en Toledo
y el audaz extremeño le convence de su plan. Nada menos que
la emperatriz Isabel firma las capitulaciones con Pizarro el 26 de
julio de 1526; la Corte española estaba ya acostumbrada a
los milagros. Los Trece de la Fama reciben la hidalguía y Pizarro
el nombramiento de adelantado, capitán general, gobernador
y alguacil mayor del reino que va a conquistar.
Afines de
enero de 1531 la expedición definitiva zarpa de Panamá con
tres barcos, 180 soldados, tres frailes y treinta y siete caballos.
Pasan el Ecuador y rescatan rico botín que invierten en traerse
nuevos refuerzos de Panamá. Esperan a esos refuerzos que tardan
seis meses y emprenden el camino por la costa, flanqueados por la menguada
escuadrilla. Funda Pizarro la primera ciudad en San Miguel, en el año
1532 y ya dentro del territorio propiamente incaico, Tayantinsuyo, que
significa «el Imperio de los cuatro puntos cardinales» se
informan de que el Inca reina desde su capital, Cuzco, el «centro
del mundo».
Pizarro tiene la misma suerte que Cortés; también él
se encuentra con cambios recientes que amenazan la estabilidad del imperio.
En Inca Huayna Capac había muerto en 1523, con su imperio acrecido
por conquistas recientes no consolidadas y extendido por lo que hoy es
Perú, Ecuador, Bolivia y norte de Chile. Un reino tiránico
y militarizado, en que se daba extraordinaria importancia a las comunicaciones,
al almacenaje escalonado de pertrechos, al sistema de intercambio de poblaciones
para asegurar el dominio de la autoridad suprema, a la fabricación
de textiles y a la extracción de oro y de plata para culto de los
dioses (a quienes se honraba con sacrificios humanos) y ornato de la corte
y la alta nobleza. Los dos hijos del Inca difunto, Huáscar y Atahualpa,
pugnaban en guerra civil por el mando supremo; Huáscar desde la
capital, Cuzco, Atahualpa desde Quito, al norte. Venció Atahualpa
y desde 1532 reinaba en Cuzco. Cuando acababa de encerrar a su hermano
se presentaron los españoles con rayos de fuego y monstruos de
cuatro patas.
Como Cortés,
también Pizarro se distingue por su agudo sentido de la información.
Sabe que el inca Atahualpa está muy cerca de él, en Cajamarca,
donde toma baños sulfurosos. Sale entonces de San Miguel al encuentro
del emperador. Lleva un ejército de 156 hombres entre ellos una
sección de arcabuceros, setenta jinetes y unos cuantos falconetes
extraordinariamente bien manejados. Como en México cundía
en Perú una profecía sobre la llegada de unos viracochas
divinos, hijos del Sol, para apoderarse del reino. Atahualpa no se intimida
y dispone de cuarenta mil guerreros para aniquilar a la corta hueste del
capitán extremeño.
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en:
"Historia total de España"
Ricardo de la Cierva
Editorial Fénix
Madrid 1997
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